La hora en la que te acuestas importa tanto como las horas que duermes: reposo y ritmo circadiano

El organismo necesita sincronizar el sueño con el reloj biológico para lograr una verdadera recuperación nocturna

Jueves, 10 de septiembre de 2026 a las 10:00 pm
La hora en la que te acuestas importa tanto como las horas que duermes: reposo y ritmo circadiano
Foto: Magnific

Dormir las ocho horas recomendadas por noche suele considerarse el estándar ideal para mantener una buena salud integral. Sin embargo, muchas personas experimentan fatiga constante a pesar de cumplir formalmente con este tiempo en la cama. La explicación a este fenómeno reside en la calidad del sueño, un factor condicionado de forma directa por el horario en el que se descansa.

El cuerpo humano se rige por procesos biológicos que determinan los momentos oportunos para el reposo. Cuando el horario de descanso se desalinea de las señales naturales del organismo, la eficiencia del sueño disminuye notablemente.

La exposición nocturna a pantallas de dispositivos móviles, cenas copiosas y la luz artificial alteran la producción hormonal necesaria para conciliar el descanso. Por consiguiente, lograr un sueño reparador no consiste únicamente en la cantidad de horas acumuladas, sino en respetar el ritmo interno del cuerpo humano.

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La alineación con el reloj biológico

De acuerdo con la neuróloga y experta en medicina del sueño, Celia García Malo, el reposo nocturno se encuentra estrechamente regulado por el ritmo circadiano. Este mecanismo interno actúa como un director de orquesta que coordina procesos metabólicos, hormonales y la temperatura corporal en función de los ciclos de luz y oscuridad.

Cuando una persona se acuesta en una franja horaria alineada con su biología, la arquitectura del sueño se mantiene estable y el organismo completa con éxito sus funciones reparadoras. Por el contrario, trasnochar e intentar compensar durmiendo hasta tarde genera un desajuste que fragmenta el reposo.

A este escenario se suma la influencia de los cronotipos individuales, los cuales definen si una persona es de hábitos matutinos o vespertinos. El principal conflicto surge cuando las exigencias laborales o sociales obligan a la persona a operar fuera de su ventana biológica natural.

Este descalce suele provocar un cansancio acumulado similar al efecto de un jet lag social. Para contrarrestar esta problemática, los especialistas recomiendan mantener rutinas constantes, limitar las distracciones luminosas antes de acostarse y adecuar los horarios personales al momento en que el cuerpo está verdaderamente preparado para dormir.

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