Esos valiosos alimentos ricos en carotenoides (pigmentos naturales que actúan como antioxidantes) no serán aprovechados al máximo por el organismo a menos de que sean consumidos junto a una fuente de grasa.
Lo mismo sucede con los nutrientes de una larga lista de hortalizas y verduras como la zanahoria, la auyama, batata, espinaca, brócoli y pimentón rojo, por ejemplo; así como de frutas como el mango, la lechoza, melón, albaricoque y el melocotón, entre otras, pues todos son “liposolubles”, lo que significa que se disuelven en grasas y aceites, pero no en agua.
Es el mismo caso de los alimentos ricos en las vitaminas A, D, E y K, según la Clínica Universidad de Navarra. Además, se añade que estas vitaminas son esenciales y su consumo es crítico.
Más beneficios de consumir grasas, ¡pero de las buenas!
Existen también otros beneficios de consumir “grasas buenas”:
Brindan protección cardiovascular: Ayudan a mantener a raya los niveles de colesterol LDL "malo" e incrementan o preservan el HDL "bueno", reduciendo el riesgo de enfermedades del corazón y mejorando la salud arterial.
Tienen un efecto antinflamatorio y protector celular: Grasas como los ácidos grasos omega-3 y el ácido oleico combaten la inflamación crónica a nivel celular y protegen la membrana de todas las células del cuerpo.
Generan mayor saciedad y control glucémico: La grasa ralentiza la digestión, lo que evita los picos bruscos de glucosa e insulina en sangre y brinda una sensación de saciedad prolongada.
Aseguran salud cerebral y hormonal: El cerebro está compuesto en gran medida por lípidos, por lo que estas grasas son fundamentales para la función cognitiva, la memoria y la producción adecuada de hormonas.
¿Y cuáles son esas grasas buenas que no causan “rollos”?
Esas grasas buenas y colaboradoras con la salud son las monoinsaturadas y poliinsaturadas. Estas ayudan a reducir el colesterol "malo" (LDL), disminuyen la inflamación y mejoran la salud del corazón. Lo ideal es priorizar su consumo en lugar de las grasas saturadas o las grasas trans.
Entre las principales fuentes de grasas monoinsaturadas figuran el aceite de oliva, los aguacates, almendras, nueces de macadamia, anacardos y el aceite de canola. En tanto que la mayor cantidad de grasas poliinsaturadas las obtenemos de alimentos como los pescados grasos (como salmón, sardinas y atún), las semillas de lino, chía, nueces, y aceites de girasol, maíz y soya.
Así que no todo en la vida es rigurosidad dietética, es posible verter un buen chorro de aceite de oliva sobre ese filete de salmón ahumado, disfrutar de un buen pudín de chía como remate y estar haciendo todo bien respecto al menú.
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