sábado, febrero 27, 2021

Inflación y baja calidad de vida afecta incluso a las llamadas «prepago»

La inflación y la baja calidad de vida afecta, incluso, a las llamadas «prepago». Ejercer la prostitución no es fácil y menos en la devaluada Venezuela. La venta de packs de placer es la nueva forma de sexo online.

La prostitución es conocida como la profesión más antigua del mundo, pues desde el inicio de los tiempos el sexo ha sido método de subsistencia para muchos. Las mujeres que se dedican a ello tienen familias y amores, pero sobre todo razones y motivos para mantenerse de esa manera.

Aisha Rengifo, también conocida como Sugar Lips VIP lleva aproximadamente 30 años viviendo del arte del sexo. Comenzó a los 15 años, impulsada por problemas familiares. Hoy tiene 45 y usa sus redes sociales para captar más clientes, sin temor a publicar su cara en ellas.

“Me fui de casa a los 15 por problemas con mi madre, eso contribuyó mucho con mi inicio en la prostitución. Quería independizarme, ya luego conocí personas con proposiciones indecorosas y acepté, y al ver que ganaba dinero pues me acostumbré”, revela.

Aisha tenía vida sexual desde los 14 años. Incluso quiso casarse a esa edad con su primer amor, pero su familia se opuso. Comenzar tan joven en un mundo tan oscuro y peligroso tiene sus consecuencias, pero ella quiso afrontarlo. “Traté de ocultarlo por un tiempo, pero cuando viajé primera vez fuera del país supieron que andaba en eso. Me buscaron un cliente millonario y fui a Aruba con él como acompañante. Total, mi madre lo hizo un tiempo también cuando estaba pequeña. No había forma de reclamar”, confiesa.

Sin cifras

Nury Pernía, directora de la ONG Asociación de Mujeres por el Bienestar y Asistencia Recíproca (Ambar), afirma que a partir de 2010 el trabajo sexual en Venezuela decayó. “Ya no es rentable como trabajo ni para las mujeres ni para los hombres”, aseguró a un medio digital.

Para 2006, el antiguo Ministerio de Sanidad y Desarrollo Social estimaba que en Venezuela había 557.000 mujeres ejerciendo la prostitución. Sin embargo los informes no contabilizan a las mujeres que trabajan “online” como Aisha.

“En mi caso siempre existió el interés por el dinero. Comparado con un horario de oficina, la ganancia es el triple. Eso en los buenos tiempos, porque en Venezuela la cosa es tan difícil que me tuve que ir a Perú porque en el país cada vez tenía menos clientela”, explica.

Pero ¿cómo hace una “prepago” cuando se enamora? ¿Qué pasa cuando se quiere estabilidad y amor? “Una vez en un night club en Margarita conocí a un gringo y estuve con él 12 años. Por mucho tiempo fui feliz. Hasta que tuvo que volver a Canadá y todo se acabó. Entonces seguí”.

Sugar Lips tuvo una hija a los 21 años, en esa época también se había enamorado y alejado de las calles. “Desde 19 a los 21 estuve con el padre de mi hija, él me sacó de eso. No era tonta, no divulgaba que me dedicaba a eso, pero si se enteraban pues triste por ellos porque tenían que afrontarlo. Y si me llegaban a recriminar pues no les prestaba atención”.

Los últimos cinco años los ha dedicado solo a viajar para trabajar, aunque planea dejar la prostitución dentro de un año. “Tengo un hijo pequeño, de ocho años. Por eso quiero cambiar, pues dentro de poco se hace un hombrecito. Mi hija mayor sabe lo que hago, no se involucra pero no le gusta”.

Considera que es difícil tener intimidad con gente por la que no se siente nada, pero ya se acostumbró. Invierte cada vez más en su imagen y redes para poder obtener ganancias que le permitan vivir cómodamente.

Otras latitudes

Muchas trabajadoras sexuales han tenido que irse de Venezuela, debido a la crisis económica que abarca todos los ámbitos. Tanto Aisha como muchas de sus colegas comenzaron explorando países cercanos como Argentina o Perú, que se ha vuelto su actual base de operaciones desde hace tres años. “A Venezuela no vuelvo por mucho tiempo. Estoy acostumbrada a vivir bien y ahí es imposible. Lo que se gana es para medio comer, no hay vida social no hay lujos, mucho menos calidad de vida”, explica.

Lamenta el cambio de “mercancía”, pues su clientela en Perú no es tan higiénica como la venezolana, un choque muy fuerte. “El venezolano en su mayoría siempre anda bañadito y perfumado, pero aquí no. Huelen a grasa. A estas alturas vender contenido en redes me sale mucho mejor, es más rentable. Pongo mi material en Loverfans bajo el usuario @Sugarlipsvip y obtengo ganancias”. En cuanto al futuro y la competencia, no se amilana. Quizás viva de ser una inkgirl, otro de los grandes placeres en los que también vivirá de su cuerpo.

Cada vez más frecuente

Según datos de la agencia de noticias AP, la congregación de las religiosas adoratrices que mantienen programas de atención a trabajadoras sexuales en varias ciudades de Venezuela y otros países de Latinoamérica, atiende a mujeres de entre 8 y 12 años de edad. Muchas de ellas se prostituyen junto a sus madres. No hay constancia de la intervención del Estado contra la prostitución de niñas y adolescentes. Es complejo determinar la cantidad de personas que se dedican a esta práctica en Venezuela. 

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