El mundo de la música popular venezolana está de luto. Dionisio Bolívar, apodado cariñosamente "El muchachote de Ocumare", falleció a los 89 años, dejando un vacío irreparable en el patrimonio cultural del país. Maestro del arpa, destacado compositor y artesano de instrumentos, Bolívar dedicó su vida a preservar y enaltecer el joropo mirandino, convirtiéndose en una figura venerada y en un puente entre generaciones. La noticia fue confirmada por el Ministerio de Cultura de Venezuela.
Un legado que nació en La Palma, Ocumare del Tuy
Nacido el 9 de abril de 1937 en el sector La Palma de Ocumare del Tuy, estado Miranda, Dionisio Bolívar respiró la tradición musical desde niño. Su apodo, "El muchachote de Ocumare", habla de sus raíces profundas y del cariño que su tierra le profesaba. En la década de los 60, se radicó en la populosa parroquia de El Valle, en Caracas, donde su talento encontró un nuevo escenario para expandirse y donde forjó una comunidad de seguidores y alumnos que perpetuarían su enseñanza.
El acompañante de leyenda y el luthier de alma
Más allá de su destreza como intérprete, dos facetas definen su contribución monumental. La primera fue su rol como el acompañante de confianza del legendario Pancho Prim, uno de los cantantes más importantes del joropo venezolano. Juntos recorrieron múltiples escenarios, y el arpa de Bolívar se convirtió en el alma sonora que enmarcaba la potente voz de Prim.
La segunda, quizás su herencia más tangible, fue su oficio como luthier. Dionisio Bolívar no solo tocaba el arpa; la entendía desde su esencia de madera y cuerdas. En su taller, construía y reparaba estos complejos instrumentos con una maestría que solo un músico consumado puede lograr, asegurando que el sonido auténtico del joropo mirandino no se perdiera.
El reconocimiento oficial y el duelo del sector cultural
La partida del maestro ha generado una ola de consternación en las más altas esferas culturales del país. Ernesto Villegas, Ministro del Poder Popular para la Cultura, y Ali Alejandro Primera, presidente de la Fundación Compañía Nacional de Música, se sumaron públicamente al pesar por la pérdida. Sus declaraciones oficiales no solo lamentan la muerte de un artista, sino que reconocen a un custodio activo de la identidad nacional, cuyo trabajo silencioso en el taller era tan vital como sus presentaciones en el escenario.
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