La actriz estadounidense, Angelina Jolie, llevó a cabo en el año 2004 un viaje a Tailandia durante el cual eligió un Sak Yant, un tatuaje ancestral con más de 2.000 años de historia que simboliza protección y poder espiritual para plasmarlo en su piel. Por su parte, el maestro artesano diseñó un tigre de Bengala en su espalda baja mediante una técnica totalmente manual; una sesión extenuante que duró entre tres y seis horas, donde el dolor físico se mezcló con la precisión espiritual, según lo reseñó la revista Mustique.
Años después, durante su relación con el también actor estadounidense, Brad Pitt, Jolie profundizó su vínculo con esta tradición, por lo que en Camboya, el maestro Ajarn Noo Kanpai, empleó barras de acero y agujas para grabar símbolos budistas y patrones geométricos en la piel de ambos, destacó la revista Mustique. Según los expertos, estos diseños funcionaban como amuletos de unión para fortalecer el compromiso de la pareja mediante cantos y bendiciones místicas.
Identidad, amor y pasado
Sin embargo, el destino decidió otro rumbo. Apenas meses después de completar el ritual, el matrimonio entre Jolie y Pitt terminó de forma definitiva. Si bien, aquellas marcas, destinadas a proteger un amor eterno, se convirtieron en el recuerdo de una etapa que llegó a su fin.
En la actualidad, la piel de Angelina narra una biografía visual compleja, mientras conserva gran parte de su tinta sagrada como señal de identidad, la actriz decidió modificar o eliminar aquellos trazos vinculados directamente a su expareja, según añadió la revista Mustique.
Al final, su cuerpo funciona como un mapa de amor, espiritualidad y los inevitables cierres de la vida.
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