La tensión en el Medio Oriente ha alcanzado un punto de no retorno. Según informes revelados por The New York Times, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha comunicado a su equipo de asesores que está considerando seriamente la ejecución de una ofensiva militar de gran escala contra Irán. El objetivo final sería no solo frenar el programa atómico, sino expulsar del poder a la cúpula política de Teherán si la diplomacia fracasa esta semana.
Negociaciones "in extremis" en Ginebra
La revelación surge a pocos días de que ambas naciones se reúnan en Ginebra, este jueves, en lo que se considera un último intento por alcanzar un acuerdo de desarme. No obstante, Trump ya habría diseñado una hoja de ruta militar en caso de que Irán no ceda:
Fase 1 (inmediata): ataques selectivos contra la sede de la Guardia Revolucionaria y complejos misilísticos para forzar la capitulación de Teherán.
Fase 2: un ataque masivo destinado a derrocar al líder supremo, el ayatolá Alí Jameneí.
Poderío militar en posición
La amenaza no es solo retórica. Actualmente, dos grupos de portaaviones y decenas de aviones de combate, bombarderos y naves de reabastecimiento se encuentran concentrados a distancia de tiro del territorio iraní. Expertos militares dentro de la propia administración Trump, sin embargo, han expresado dudas sobre si un cambio de régimen puede lograrse únicamente mediante bombardeos aéreos sin una incursión terrestre.
¿Una última salida?
A pesar del despliegue bélico, fuentes diplomáticas sugieren la existencia de una propuesta de última hora: permitir a Irán un programa de enriquecimiento nuclear extremadamente limitado, destinado exclusivamente a la investigación y tratamientos médicos. Esta "vía de escape" busca evitar una conflagración que, según analistas, desestabilizaría por completo la economía global y los precios del petróleo.
