Con la llegada de las bajas temperaturas, no solo el rostro sufre las consecuencias del clima. Un área que solemos descuidar —y que queda expuesta a la sequedad y las grietas— es la punta de nuestros dedos.
A menudo, recurrimos a soluciones químicas complejas sin saber que un elemento básico, presente en la mayoría de los hogares y recomendado por dermatólogas de prestigio, guarda el secreto para una resistencia total. No se trata solo de estética; es una cuestión de estructura biológica que permite que nuestras manos recuperen su fuerza natural frente a las agresiones externas del invierno.
Extracto natural reparador
Según la experta en dermatología Ana Molina, nuestras uñas no son piezas rígidas, sino capas superpuestas que necesitan un pegamento natural para mantenerse unidas. Debido al uso constante de jabones y geles desinfectantes, ese "cemento" desaparece, provocando que se vuelvan quebradizas.
La clave del aceite de almendras reside en que sus componentes son casi idénticos a las grasas naturales de nuestro cuerpo, lo que le permite rellenar los huecos y devolver la cohesión perdida.
Tres pilares de la eficacia del aceite de almendras
- Flexibilidad frente a la dureza: al masajear este aceite, las fibras se vuelven elásticas. Una estructura que se dobla bajo presión no se rompe, mientras que una rígida se fractura al instante.
- El efecto "paraguas": el agua es, curiosamente, un enemigo cuando entra en exceso en las capas de la queratina. Este ingrediente crea una película protectora que impide que la humedad desestabilice la uña, evitando que se descame.
- Estimulación desde la raíz: al aplicarlo con un masaje circular en la base, se activa la circulación donde nace el tejido nuevo. Gracias a su alto contenido en vitamina E, un potente antioxidante, se garantiza que la protección comience incluso antes de que la uña sea visible.
Además, especialistas en estética sugieren combinarlo con exfoliaciones mensuales para que la piel absorba mejor estos nutrientes. Al final del día, el secreto para lucir unas manos impecables no reside en el esmalte, sino en la salud del tejido que lo sostiene, utilizando aliados naturales que nutren, sellan y protegen de forma discreta pero implacable.
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