Hay carreras que se construyen sobre hojas de vida y otras que se construyen sobre escenas imposibles de olvidar. La de Andrés Felipe López, ingeniero químico colombiano radicado hoy en Amherst, Massachusetts, pertenece a la segunda categoría. Antes de liderar la estrategia de seguridad, calidad y mejora continua de Mayhew Steel Products —una de las manufactureras de herramientas de acero más reconocidas del noreste de Estados Unidos—, este profesional con más de 16 años de trayectoria fue un joven que regresó a casa con una pregunta que aún hoy sigue ordenando su carrera.
“Cuando era joven, visité el botadero de residuos a cielo abierto de Santa Helena, ubicado en la antigua salida al norte de la ciudad de Pasto, Nariño en Colombia”, recuerda. “Lo que vi ese día me impactó de una manera que nunca olvidé: familias enteras, incluso niños, buscaban entre los residuos materiales que pudieran reutilizar o vender para subsistir”. Esa imagen, dice, le hizo entender que los problemas ambientales no son únicamente desafíos técnicos, sino “realidades humanas que afectan directamente la salud pública, la dignidad y las oportunidades de desarrollo de las comunidades”.
De esa convicción nació una vocación que lo llevó a formarse como ingeniero químico, a hacer una maestría en Ingeniería Sanitaria y Ambiental y, posteriormente, una especialización en Salud y Seguridad Ocupacional. Pero el episodio formativo de su carrera profesional, el que aún hoy menciona como punto de inflexión técnico, ocurrió en su propia tierra. Entre 2011 y 2014, López asumió la coordinación ambiental de EMAS Pasto S.A. E.S.P., la empresa de aseo encargada del relleno sanitario que reemplazó precisamente al botadero que había marcado su infancia. Allí, frente a una operación que procesaba más de cuatro mil toneladas mensuales de residuos, lideró el diseño de un sistema de lodos activados para el tratamiento de lixiviados que cubrió desde la ingeniería básica hasta la ingeniería de detalle. El resultado fue una eficiencia de tratamiento del 95% y un reconocimiento nacional al desempeño ambiental de la planta. Para él, ese proyecto encierra una lección que terminaría definiendo todo lo que vino después: la ingeniería bien aplicada puede convertirse en un instrumento real de transformación social.
El paso por la industria privada llegó poco después y profundizó esa visión. En Kimberly-Clark Colombia, donde ejerció primero como Líder Ambiental y luego como EHS Manager, López redujo el consumo de agua dulce en un 30%, recortó las emisiones de gases de efecto invernadero en un 16% y entregó proyectos con ahorros superiores al millón de dólares. Más adelante, en Essity Group, gestionó la disposición de más de siete mil toneladas mensuales de residuos industriales en cuatro plantas y aumentó en 110% los ingresos por comercialización de subproductos. Pero, según él mismo cuenta, el verdadero salto profesional ocurrió cuando la organización en Colombia le confió el liderazgo integral del área de EHS. “Ese voto de confianza fue especialmente significativo para mí, porque confirmó que mi enfoque en ingeniería, sostenibilidad y mejora de procesos podía trascender la eficiencia operativa y orientarse a la protección de las personas”, afirma. Desde ese momento, dice, la seguridad “dejó de ser únicamente un cumplimiento regulatorio y pasó a ser una disciplina estratégica capaz de fortalecer la cultura, el liderazgo, la productividad y la sostenibilidad”.
Esa filosofía es la que hoy aplica desde su despacho en Massachusetts. Como EHSQ & Continuous Improvement Manager de Mayhew Steel Products, López lidera la estrategia de seguridad, calidad y mejora continua a través de varias plantas, alineando los programas ambientales y de seguridad con los objetivos operacionales y financieros de la compañía. Entre sus prioridades de este año figura la certificación ISO 9001 de la planta de Westminster, un proceso que ha implicado la implementación del sistema de calidad, la preparación para auditorías, el cierre disciplinado de acciones correctivas y la consolidación de un esquema de cumplimiento normativo robusto bajo los marcos de OSHA, EPA, Tier II, SPCC y SWPPP. En paralelo, ha avanzado en la adopción de los principios de ISO 45001 y ha establecido sistemas de gestión basados en KPIs que dan visibilidad a la dirección sobre el desempeño real del negocio.
López también ha hecho de la prevención una bandera. Mayhew, bajo su liderazgo, se inscribió en el Programa de Consulta Voluntaria de OSHA, una iniciativa que permite identificar y mitigar riesgos antes de que se conviertan en incidentes o en sanciones, y ha gestionado fondos estatales de seguridad para acelerar inversiones en reducción de riesgo y formación de la fuerza laboral. Quizá el ejemplo más vistoso de su enfoque sea el rediseño de una operación de estampado sobre una prensa de 1965, un activo histórico al que muchos consideraban condenado a convivir con sus limitaciones. López integró tecnología PSDI, principios de Lean management, análisis ergonómico y gestión del cambio para rediseñar la interacción entre operador, máquina y secuencia operativa. El resultado fue un incremento cercano al 30% en la productividad del proceso, un nivel de scrap por debajo del 1% y una reducción significativa en la exposición a movimientos repetitivos. “Confirmar que la seguridad industrial, cuando se combina con diseño disruptivo, Lean thinking y gestión del cambio, puede convertirse en una ventaja competitiva real incluso sobre infraestructura con décadas de antigüedad”, sostiene, “fue lo más valioso de ese proyecto”.
Cuando se le pregunta por su elemento diferenciador frente a colegas de su misma especialidad, López responde sin rodeos. “Mientras muchos profesionales se enfocan en corregir síntomas o implementar soluciones aisladas, mi enfoque consiste en cuestionar aquello que la organización ha llegado a aceptar como ‘normal’: riesgos recurrentes, fallas crónicas, procesos ineficientes, activos legacy o culturas resistentes al cambio”. Su fortaleza, asegura, está en persistir hasta entender la causa raíz, rediseñar el sistema completo y garantizar que la mejora permanezca en el tiempo. Es, también, un convencido de que la seguridad, la calidad, la ingeniería y la sostenibilidad no deberían operar como compartimentos estancos. “Mi capacidad de integrar disciplinas tradicionalmente separadas —seguridad industrial, calidad, ingeniería y mejora continua— me permite diseñar soluciones sistémicas con impacto medible, sostenible y replicable en diferentes industrias y países”, explica.
Detrás de los indicadores, las certificaciones y las auditorías, queda intacto el motor que lo puso en este camino hace décadas. Aquel joven que volvió impactado del botadero de Santa Helena hoy gestiona presupuestos millonarios, dirige equipos multifuncionales en Norteamérica y traduce normas técnicas en cultura organizacional. Pero su lectura del oficio sigue siendo la misma. La ingeniería, insiste, no está para resolver problemas en abstracto: está para “transformar realidades, proteger a las personas y generar resultados sostenibles que trasciendan generaciones”. En esa frase, más que en cualquier título, parece resumirse la carrera de Andrés López.
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