Liz compartió detalles íntimos de sus primeros años durante una conversación con Franklin Suárez, donde dejó ver que su vocación artística apareció desde muy temprana edad. La intérprete aseguró que desde niña sabía que quería dedicarse al canto y que, pese a las dudas familiares, nunca abandonó esa meta.
Desde pequeña sabía cuál era su destino
Durante la entrevista, Liz explicó que siempre tuvo claro que la música sería parte central de su vida. Desde sus primeros años se visualizaba sobre un escenario y no contemplaba otro camino distinto al artístico.
Según contó, esa convicción se mantuvo intacta con el paso del tiempo, incluso cuando todavía era una niña y dependía de las decisiones de sus padres.
Liz contó que en su familia existía el deseo de ver a sus hijas destacarse en concursos de belleza, una aspiración muy presente en muchas familias venezolanas de la época. Según relató, sus padres solían inscribirla en certámenes y actividades relacionadas con ese mundo, imaginando para ella un camino ligado a las pasarelas y las coronas.
Sin embargo, la cantante aseguró que su interés estaba en otro lugar. Cada vez que tenía oportunidad, se retiraba de esas competencias para ir a anotarse en coros, grupos musicales y espacios donde pudiera cantar. Desde niña, dejó claro que mientras otros soñaban con verla reina de belleza, ella solo pensaba en convertirse en artista.
El principal obstáculo estaba en casa
Liz explicó que su madre comprendió más rápido su deseo de ser artista, pero con su padre la situación fue distinta. Según dijo, él no estaba convencido de verla entrar al mundo del espectáculo.
La cantante señaló que la postura de su padre respondía más a la protección y al temor por las exigencias de ese ambiente que a una falta de confianza en su talento.
Cantaba cada vez que aparecía la oportunidad
A pesar de las reservas familiares, Liz comenzó a aprovechar cualquier ocasión para mostrarse como cantante. Recordó que en reuniones y encuentros familiares esperaba con entusiasmo la oportunidad de interpretar canciones frente a los presentes.
Esos pequeños momentos le confirmaban que se sentía cómoda en el escenario y que su deseo de dedicarse a la música iba en serio.
La disciplina abrió el camino
Con el tiempo, su constancia y capacidad vocal hicieron que en casa empezaran a aceptar que la música no era una etapa pasajera. Más adelante pudo integrarse a agrupaciones y comenzar a recorrer escenarios.
Aquella niña que insistía en cambiar concursos por coros terminó dando pasos concretos hacia una carrera profesional, su carrera no nació por casualidad, sino de una decisión tomada desde la infancia.
Hoy, convertida en una figura reconocida, recuerda esos años como el inicio de un camino que siempre supo que quería recorrer.
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