A dos semanas de haber quedado como quinta finalista en el Reina Hispanoamericana 2026, Emely Barile regresó a sus costumbres de generar polémica en redes. Esta vez, la influencer y modelo carabobeña se sentó con la periodista Rocío en su podcast para "contar su verdad" sobre lo ocurrido en Santa Cruz, Bolivia. Lo que prometía ser una reflexión serena sobre su participación se convirtió en un extenso relato lleno de justificaciones, medias verdades y teorías que, lejos de aclarar el panorama, han terminado por agotar la paciencia del público.
"No vas a ganar"
Barile reveló que, antes de la final, recibió llamadas de personas externas advirtiéndole que no ganaría. "Me llaman y me dicen: no vas a ganar", afirmó, sin precisar la identidad de quienes, según ella, tenían información privilegiada.
A preguntas de Rocío, Emely aseguró que se trataba de "alguien de confianza" y que hasta cinco personas diferentes la contactaron para decirle que "no iba a entrar al cuadro". Incluso reveló que le sugirieron renunciar al certamen. "Me lo sugirieron, yo no quería renunciar", declaró, dejando flotando la idea de que hubo una conspiración en su contra.
Cuando la entrevistadora le preguntó por qué le creyó a esa persona, Barile respondió con una lógica que muchos han cuestionado: "Porque esa persona es de confianza, claro". Su argumento recae otra vez en una posición de victima que ha caracterizado su camino por el mundo de los certámenes.
El "supuesto empate"
Barile también puso en duda la transparencia del certamen al mencionar que la noche de la final, el top debía ser de seis y finalmente fue de ocho "por un supuesto empate". "Pregúntame. O sea, eso fue raro", soltó, alimentando la teoría de que algo olía mal en la organización.
La modelo afirmó que, al ver los números, notó una inconsistencia: "Yo soy posición 7, no soy posición 5. Si te das cuenta, las matemáticas no me dan". Una afirmación que, hasta ahora, no ha sido respaldada por ningún cálculo verificable ni por explicación de la propia producción del evento.
"Yo no quería ganar el Miss Venezuela"
Otro momento que ha generado controversia fue cuando Barile admitió que a pesar de llorar en redes tras no quedar en el certamen, ella no esperaba ganar. "Yo no quería ganar el Miss Venezuela, no me sentía capaz", confesó.
La influencer dijo sentirse más identificada con el Miss International, porque "el Miss Mundo es muy polite y yo soy muy explosiva". Una declaración que, en el contexto de su queja por no haber obtenido un mejor lugar en Bolivia, suena más a una excusa anticipada que a una autocrítica constructiva.
Comparaciones con Clara Vegas: ¿una lección de humildad o una trampa?
Consultada sobre las comparaciones con la actual Miss Venezuela, Clara Vegas, Barile intentó mostrarse conciliadora. "Nunca me la hice", aseguró, aunque admitió que "al principio sí estaba como con esa ligera comparación".
La modelo reconoció que el perfil de Vegas es distinto al suyo, que la actual reina tiene un "storytelling muy monetizable" y que su elección fue "lo más inteligente que pudieron hacer". Sin embargo, el tono de sus palabras —"ella es hermosa, pero ahorita está a otro nivel"— ha sido interpretado por algunos como una forma sutil de minimizar a su compatriota, como si el éxito de Clara fuera más producto de una estrategia comercial que de un mérito propio.
La reacción del público: "Ya bájate de ese caballo"
En redes sociales, las declaraciones de Barile han sido recibidas con un creciente malestar. Comentarios como "todo el tiempo buscando culpables, nunca mirándose a sí misma" y "con esa actitud, menos va a ganar algo importante" reflejan el hartazgo de una audiencia que esperaba verla evolucionar como figura pública.
Varios usuarios han señalado que, en lugar de mostrar una actitud de miss —elegancia, templanza y capacidad para superar las derrotas—, Barile ha optado por un discurso victimista que le resta crédito.
El riesgo de no saber cuándo callar
Emely Barile sigue sin poder cerrar el capítulo. Su insistencia en hablar de "cosas raras", "supuestos empates" y "llamadas misteriosas" ha terminado por erosionar la imagen que muchos tenían de ella como una candidata fresca y auténtica.
Lo que pudo haber sido una participación decorosa en un certamen internacional se ha convertido en un interminable monólogo de excusas. Y en el mundo de los concursos de belleza, donde la imagen y la actitud lo son todo, no saber cuándo callar puede ser la derrota más difícil de remontar.
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