Este sábado 14 de marzo, la filosofía contemporánea perdió a su brújula más clara. Jürgen Habermas, el pensador alemán que dedicó su vida a rescatar la razón del caos y el autoritarismo, falleció en su hogar a los 96 años.
Su editorial, Suhrkamp, confirmó el deceso tras un comunicado de la familia que ya resuena en las principales academias del mundo.
El filósofo que creía en la palabra
Habermas construyó su "Teoría de la Acción Comunicativa" sobre una premisa optimista: los seres humanos pueden —y deben— llegar a acuerdos racionales mediante el diálogo.
Este concepto no fue solo una teoría de salón; fue su respuesta a las heridas que el nazismo dejó en su Alemania natal.
Habermas representó el puente entre los fundadores de la teoría crítica y la era de la globalización.
Como profesor en la Universidad de Fráncfort y premiado con el Príncipe de Asturias en 2003, sus ideas influyeron en la redacción de constituciones y en la estructuración de la Unión Europea. Para él, la democracia no era solo votar, sino mantener viva la "esfera pública".
Su muerte ocurre en un momento global donde el diálogo parece fracturado por el populismo y las redes sociales, temas sobre los cuales Habermas advirtió en sus últimos ensayos.
Con su partida, Alemania pierde a su intelectual más respetado y el mundo a un defensor de la "moralidad ciudadana".
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