Tras meses de intensas negociaciones, la gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, anunció un acuerdo preliminar para implementar un nuevo impuesto a las segundas residencias de lujo, cumpliendo parcialmente una de las promesas más polémicas del alcalde Zohran Mamdani.
La medida, bautizada popularmente como el "impuesto pied-à-terre", apunta directamente a los propietarios multimillonarios que poseen propiedades de élite en la ciudad pero que no residen en ella la mayor parte del año.
Los detalles del impuesto a las mansiones "vacías"
Aunque los tecnicismos legales aún están bajo revisión, la gobernadora Hochul delineó los puntos clave de esta iniciativa, que busca inyectar fondos frescos a las arcas municipales:
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Umbral de valor: el impuesto se aplicará exclusivamente a viviendas con un valor de mercado superior a los 5 millones de dólares.
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Solo en la ciudad: a diferencia de otras tasas estatales, esta solo afectará a las segundas residencias dentro de los cinco condados de la Ciudad de Nueva York, dejando fuera a enclaves de lujo como los Hamptons.
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Recaudación estimada: se espera que la medida genere al menos 500 millones de dólares anuales para financiar servicios públicos y reducir el déficit de la ciudad.
Una victoria agridulce para la izquierda
Para el alcalde Zohran Mamdani y los sectores más liberales, este anuncio es una victoria simbólica importante bajo el lema "Tax the Rich" (Impuestos a los ricos).
No obstante, el acuerdo deja fuera la gran ambición de Mamdani: un aumento generalizado del impuesto sobre la renta para los residentes más acaudalados del estado.
Desde la organización Socialistas Democráticos de América, han criticado el plan de Hochul calificándolo de insuficiente.
Según sus portavoces, este nuevo impuesto apenas cubre el 10% del déficit multimillonario que enfrenta la ciudad, acusando a la gobernadora de proteger a las grandes corporaciones para evitar una fuga de capitales hacia estados con menor presión fiscal, como Florida o Texas.
El "efecto Miami" y la reacción empresarial
La respuesta de la comunidad empresarial no se ha hecho esperar. Los críticos advierten que gravar propiedades que no son residencias principales podría provocar un éxodo de los ciudadanos que más contribuyen a la economía local.
El caso más emblemático ha sido el del multimillonario Ken Griffin, CEO de Citadel, quien recientemente expresó su rechazo absoluto a la retórica del alcalde.
Tras aparecer en un video viral de Mamdani frente a su ático de 239 millones de dólares, Griffin calificó el clima político de Nueva York como "aterrador" para los negocios.
El magnate confirmó que su empresa ha decidido redoblar su apuesta por Miami, citando la seguridad y la hospitalidad hacia el sector financiero como factores determinantes.
Un presupuesto aún por definir
A pesar del anuncio de la gobernadora, el camino legislativo no será sencillo. Carl Heastie, presidente de la Asamblea estatal, advirtió que "no hay un acuerdo presupuestario finalizado" y que todavía quedan semanas de intensas negociaciones para decidir la base financiera del estado para el resto de 2026.
Con las elecciones de mitad de mandato en el horizonte, los demócratas se encuentran en una encrucijada: intentar resolver la crisis de asequibilidad de la vivienda mediante impuestos a la riqueza sin alienar a los líderes empresariales que sostienen el motor económico de Nueva York.
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