“Nos vendieron”: mexicana denuncia red de tráfico laboral en procesadoras de EEUU

Su historia es un recordatorio de que tener papeles no siempre garantiza seguridad

Lunes, 09 de marzo de 2026 a las 04:00 pm

El sueño de Berenice, una administradora guanajuatense que buscaba un futuro mejor en Estados Unidos, se transformó en un laberinto de explotación y engaños.

A pesar de haber viajado con una visa legal y bajo la promesa de una expansión empresarial, hoy denuncia un esquema que describe con crudeza: “Eso fue tráfico de personas”.

Su historia, compartida originalmente con Conexión Migrante, es un recordatorio de que tener papeles no siempre garantiza seguridad si el empleador decide vulnerar los derechos básicos.

1. El inicio: de Salvatierra a Minnesota

En 2022, Berenice trabajaba en una procesadora de carne en Salvatierra, Guanajuato. La empresa decidió expandirse a Windom, Minnesota, y ofreció a 300 empleados trasladarse con visas H-2B.

Al principio, todo parecía en regla: la compañía cubrió transporte, hospedaje y alimentos. Sin embargo, al llegar a la planta estadounidense, las promesas salariales comenzaron a desvanecerse y las condiciones reales distaban mucho de lo pactado en México.

2. "La primera empresa nos vendió a la segunda"

Tras un año de labores, la empresa se declaró en quiebra. Lejos de repatriar a todos, surgió una oferta de otra procesadora en Michigan. Berenice relata este traspaso de trabajadores como una transacción mercantil: “La primera empresa nos vendió a la segunda”.

Durante la transición, los trabajadores quedaron en un limbo:

  • Meses sin ingresos: Les ordenaron quedarse en EE. UU. sin trabajar mientras "arreglaban" su estatus.

  • Vulnerabilidad total: Berenice tuvo que vivir dos meses en casa de su maestra de inglés para no quedar en la calle.

3. El engaño documental y las deportaciones

Al llegar a Michigan, la nueva empresa nunca les entregó sus visas físicas. En su lugar, les dieron el formulario I-797 (una notificación de aprobación, pero no un permiso de trabajo per se).

La pesadilla escaló cuando seis compañeros intentaron salir y reingresar al país: fueron deportados de inmediato. Las autoridades fronterizas les informaron que sus documentos eran falsos.

El miedo se apoderó de la planta, pero Berenice decidió investigar por su cuenta, tomando cursos de trámites migratorios hasta confirmar sus sospechas.

“Quiero que la gente entienda que aunque seamos migrantes, tenemos derechos y nadie debería explotarnos laboralmente”, afirma Berenice con determinación.

4. Lesiones y negligencia: el costo físico

En diciembre de 2024, el abuso se tornó físico. Berenice sufrió una lesión severa en la mano trabajando en la planta de Michigan.

La cirugía costó 12,000 dólares y la dejó con una rehabilitación pendiente. Además de la herida, enfrentó acoso laboral y discriminación por intentar alzar la voz.

5. La batalla legal por la verdad

Tras renunciar en junio de 2025, Berenice contactó a un abogado que identificó su caso como un probable esquema de tráfico laboral.

Actualmente, ella lucha por demostrar que no participó en un fraude migratorio, sino que fue víctima de él.

“Los migrantes también tenemos derechos”, sentencia, mientras busca que su testimonio sirva de escudo para otros 200 compañeros que aún guardan silencio por temor a la deportación.

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