En un mundo marcado por las prisas, el estrés y la incertidumbre, la salud mental y la gestión emocional se han convertido en pilares fundamentales para el desarrollo personal. La psicología aplicada ofrece herramientas para afrontar las dificultades cotidianas desde una perspectiva más resiliente.
Entre las voces más influyentes en este ámbito destaca la de Víctor Küppers, reconocido conferenciante y divulgador, quien enfatiza que, aunque no siempre podemos controlar las circunstancias externas, sí tenemos el poder absoluto sobre nuestra manera de reaccionar ante ellas. Su enfoque combina la sencillez con una profunda carga motivacional, invitándonos a pausar y reflexionar sobre nuestras prioridades.
La fórmula del valor humano y la alegría de vivir
De acuerdo con el planteamiento de Víctor Küppers, la esencia de una persona se puede resumir en una fórmula ya icónica: V = (C + H) x A. En esta ecuación, la 'C' representa los conocimientos y la 'H' las habilidades.
Ambas variables son necesarias y suman, pero es la 'A', la actitud, la que multiplica el resultado final. Para el experto, la diferencia entre ser una persona excelente o alguien del montón radica precisamente en la disposición con la que se enfrenta la vida.
Küppers sostiene que la sociedad actual padece un "déficit de alegría". Vivimos instalados en la queja constante, lo que nos lleva a perder de vista lo que realmente importa. La psicología positiva, según explica, no busca negar el sufrimiento o los problemas reales, sino aprender a valorar las cosas buenas que ya poseemos. Para recuperar ese entusiasmo, propone practicar la gratitud y la amabilidad de forma consciente.
Uno de los puntos clave de su filosofía es la gestión de las preocupaciones. Küppers distingue entre los problemas reales (situaciones graves de salud o pérdidas) y las simples "circunstancias a resolver". Gran parte del malestar moderno proviene de tratar estas últimas como si fueran tragedias. Al aprender a relativizar y centrar la energía en aquello que sí depende de nosotros, se logra una mejora sustancial en la calidad de vida. En definitiva, su mensaje es un llamado a la acción: la felicidad no es una meta a la que se llega, sino una decisión que se toma cada mañana al elegir la actitud con la que vamos a caminar por el mundo.
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