Los Juegos de Invierno de Milán-Cortina 2026 han comenzado con una polémica tan insólita como técnica. La disciplina de saltos de esquí se encuentra bajo la lupa tras la publicación de un reportaje en el diario alemán Bild, que denuncia una práctica denominada "Penegate". Según la investigación, algunos atletas estarían utilizando inyecciones de ácido hialurónico en el pene para alterar las mediciones oficiales de sus trajes de competición.
La física detrás de la trampa
En el salto de esquí, la superficie del traje es un factor determinante: a mayor amplitud, mayor sustentación y, por tanto, más metros de vuelo. El reglamento exige que los competidores pasen por un escáner 3D previo a la temporada para ajustar el traje a su fisionomía.
Según las acusaciones, las inyecciones de ácido hialurónico —utilizadas comúnmente en medicina estética— aumentarían la circunferencia del miembro viril de forma temporal durante la medición, permitiendo que el traje resultante sea más holgado en la entrepierna, lo que genera un "efecto vela" ventajoso durante el salto.
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Impacto en el rendimiento: Se estima que ganar apenas 2 centímetros de superficie puede traducirse en 5,8 metros adicionales de distancia, una diferencia que define el acceso al podio.
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Riesgos médicos: Especialistas consultados por la prensa alemana advierten que este procedimiento no tiene indicación médica y conlleva riesgos de inflamación, infección y daños permanentes.
Respuesta de los organismos oficiales
La Agencia Mundial Antidopaje (AMA) ya ha tomado cartas en el asunto. Durante una rueda de rueda de prensa previa a la ceremonia inaugural, el director general de la AMA, Olivier Niggli, confirmó que, aunque no tenían detalles técnicos previos sobre esta práctica en los saltos, la institución investigará cualquier indicio de manipulación que pueda considerarse dopaje o que atente contra el espíritu deportivo.
Por su parte, el presidente de la AMA, Witold Banka, prometió indagar profundamente en el tema, subrayando la importancia de mantener la integridad en un deporte donde la precisión se mide en milímetros. La Federación Internacional de Esquí (FIS), que ya había endurecido sus controles tras sanciones previas por manipulación de costuras en los trajes, se mantiene en alerta máxima ante lo que podría ser la línea roja más bizarra en la historia del dopaje tecnológico.
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