La llegada de los días soleados y las escapadas a la costa representan el momento más esperado del año para muchos. Lo que para nosotros es descanso, para nuestra melena puede significar un periodo de estrés extremo. El sol, aunque nos regala vitamina D y momentos inolvidables, actúa como un potente agente oxidante que degrada la queratina y despoja al cabello de su hidratación natural.
A menudo, centramos todos nuestros esfuerzos en proteger la piel con filtros solares avanzados, olvidando que el cuero cabelludo y la fibra capilar sufren daños similares que pueden tardar meses en repararse.
Mantener un cabello brillante y saludable bajo el sol no es una misión imposible, pero requiere de una estrategia preventiva que combine nutrición, protección física y cuidados posteriores adecuados.
Mantén su brillo y suavidad frente al sol
Disfrutar del aire libre no tiene por qué ser sinónimo de un cabello quebradizo y sin vida. Los expertos coinciden en que la clave reside en crear una barrera protectora antes de salir de casa.
El primer paso fundamental es el uso de protectores térmicos y solares específicos para el cabello. Estos productos funcionan de forma similar a las cremas corporales, bloqueando los rayos UV y evitando que el color se oxide y se transforme en tonos indeseados.
Además de los productos químicos, la protección física sigue siendo la herramienta más eficaz. El uso de sombreros de ala ancha, gorras o pañuelos de seda no solo es una declaración de estilo, sino que ofrece una sombra total que evita el debilitamiento de la raíz.
Un truco muy efectivo para quienes frecuentan la playa o la piscina es mojar el cabello con agua dulce antes de entrar al mar o al cloro. Al estar la fibra capilar ya saturada de agua limpia, absorberá mucha menos sal y químicos agresivos.
El cuidado al terminar la jornada es decisivo. Es vital lavar el cabello con champús libres de sulfatos para eliminar los residuos de arena y salitre sin resecar más la cutícula.
Aplicar una mascarilla nutritiva dos veces por semana ayudará a reponer los lípidos perdidos por el calor. Con estos hábitos sencillos, es posible disfrutar del sol sin que nuestra melena pague el precio del verano.
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