La lucha contra las enfermedades degenerativas ha dado un giro inesperado que podría cambiar el futuro de la medicina moderna. Durante décadas, el diagnóstico de ciertos trastornos cognitivos se ha considerado una sentencia irreversible, afectando no solo a quienes los padecen, sino también a su entorno familiar.
Los esfuerzos de la comunidad científica internacional continúan buscando respuestas en la biología celular para detener lo que antes parecía imparable.
Las investigaciones más recientes se han centrado en entender cómo las células del cerebro pierden su capacidad de repararse y cómo la energía interna del cuerpo juega un rol fundamental en el mantenimiento de los recuerdos.
Este enfoque ha permitido que nuevos estudios exploren alternativas que van más allá de los tratamientos convencionales, abriendo una puerta a la recuperación de funciones que se daban por perdidas.
Molécula natural que devuelve los recuerdos
Un reciente descubrimiento realizado por investigadores en Estados Unidos ha marcado lo que muchos consideran el avance más importante en un siglo respecto al tratamiento del Alzheimer.
El equipo de científicos logró, mediante el uso de una sustancia natural llamada NAD, que ratones con la enfermedad en estado avanzado no solo dejaran de empeorar, sino que recuperaran la memoria que ya habían perdido.
El NAD es una coenzima, una especie de "combustible" que ayuda a las células a producir energía y a sanar sus tejidos. Al aplicar esta molécula en los sujetos de prueba, los expertos observaron que los daños en el cerebro comenzaron a revertirse, permitiendo que los animales volvieran a realizar tareas cognitivas con una agilidad similar a la de un individuo sano.
Aunque los resultados son sorprendentes, los especialistas mantienen la cautela. El doctor Andrew Pieper, uno de los líderes del proyecto, señaló que si bien ya existen pruebas exitosas en primates, el tratamiento aún debe ser adaptado para que sea seguro y efectivo en seres humanos.
El objetivo para los próximos años es iniciar los ensayos clínicos en personas, buscando transformar este hallazgo de laboratorio en una terapia real que, por primera vez, no solo detenga el avance del Alzheimer, sino que pueda devolverle a los pacientes su identidad y sus recuerdos.
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