Cuando muchos esperaban que Bad Bunny sellara su paso por el Super Bowl con una firma de lujo europea, el artista sorprendió a todos y eligió Zara de manera intencional. En el evento más estadounidense del año, Benito colocó una marca de origen español en el centro de la conversación global y convirtió su vestuario en un mensaje tan potente como su música.
Después de desfilar en los Grammys con piezas de alta costura, su elección para el medio tiempo confirmó que su narrativa estética no sigue tendencias: las construye.
Zara en el Super Bowl: nada es casual
Vestir de Zara en el escenario más grande del mundo no es una cuestión de presupuesto ni de comodidad. Es una jugada calculada. Bad Bunny entendió que, en un contexto dominado históricamente por el lujo anglosajón y europeo, el fast fashion de habla hispana podía convertirse en un gesto político y cultural.
El Conejo Malo dejó claro que no necesita etiquetas millonarias para imponer presencia. Su imagen reafirma que el estatus no se compra, se comunica, y que el poder simbólico de una prenda depende de quién la lleva y de la historia que cuenta.
Un jersey con apellido, memoria y raíz
Lejos de la logomanía vacía, el jersey customizado tenía un detalle íntimo: el apellido materno “Ocasio” y el número 64, año de nacimiento de su madre. En la cima de su carrera, Bad Bunny eligió mirar hacia atrás y rendir homenaje a sus orígenes, llevando su historia familiar al centro del espectáculo global.
Ese gesto convirtió una prenda accesible en un objeto cargado de emoción, identidad y orgullo, reforzando la narrativa de un artista que no se desprende de sus raíces aunque conquiste las cumbres más altas del entretenimiento.
Del uniforme deportivo a la moda editorial
El corte cropped del jersey, combinado con pantalones de sastrería precisa, transformó un look deportivo en una propuesta editorial. La silueta fue clave: masculina sin rigidez, urbana sin descuido, elegante sin solemnidad.
Esta mezcla continúa el discurso estético que Bad Bunny ha construido en los últimos años: redefinir la masculinidad latina, permitiéndose explorar lo delicado, lo estilizado y lo experimental sin perder fuerza ni autenticidad.
Una lección de branding personal
Más allá de la moda, el look fue una clase magistral de branding. Bad Bunny demostró que el verdadero lujo no reside en el precio de la prenda, sino en la coherencia del relato que la envuelve. Zara no fue un atajo, fue el mensaje.
En un mundo obsesionado con cifras, exclusividad y logos, Benito volvió a romper el molde: se vistió accesible, se vio poderoso y dejó claro que el impacto real se construye con narrativa, no con etiquetas.
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