Biología del engaño: ¿por qué nuestro cuerpo reconoce una mentira antes que nuestra mente?

La ciencia revela que nuestro organismo posee mecanismos internos capaces de distinguir la autenticidad de las palabras

Miércoles, 18 de febrero de 2026 a las 10:00 pm
Biología del engaño: ¿por qué nuestro cuerpo reconoce una mentira antes que nuestra mente?
Foto: Freepik

El ser humano ha perfeccionado el arte de la comunicación, pero también el del engaño. A menudo, nos dejamos llevar por argumentos convincentes o apariencias que parecen incuestionables.

 

Estudios recientes en el campo de la neurociencia sugieren que no somos tan fáciles de engañar como creemos. Mientras nuestra mente consciente puede aceptar una historia falsa como verdadera, nuestra biología interna parece llevar un registro diferente, reaccionando de manera sutil pero perceptible ante la falta de honestidad.

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El pulso que delata la falsedad

Según las investigaciones de la neurocientífica Nazareth Castellanos, la interacción humana se basa en una "danza" invisible de ritmos biológicos. Cuando dos personas mantienen una conversación honesta, se produce un fenómeno de sincronización: los latidos del corazón y las ondas cerebrales tienden a alinearse, creando una conexión genuina. Esta armonía facilita la confianza y el entendimiento mutuo.

 

No obstante, cuando aparece la mentira, esta conexión se rompe. El cuerpo del oyente percibe una discrepancia; la armonía biológica se debilita porque el mensaje recibido no coincide con la vibración interna del emisor. Es lo que podríamos llamar un "sexto sentido" biológico.

 

Esta reacción ocurre de forma automática y subconsciente, lo que explica por qué a veces sentimos que "algo no encaja" con alguien, aunque no podamos explicar racionalmente el motivo.

 

Un aspecto fascinante de este fenómeno es la fragilidad de nuestra memoria. Castellanos advierte que no toda información falsa es una mentira malintencionada. El cerebro suele reconstruir recuerdos, especialmente a través de la vista, que es el sentido más fácil de distorsionar.

 

Factores como el agotamiento físico, el estrés o la falta de sueño pueden generar "memorias falsas". En estos casos, si la persona que habla cree realmente en su propia mentira, el cuerpo del receptor tiene más dificultades para detectar el engaño, ya que no existe la tensión biológica del fraude consciente.

 

Entender estas señales corporales nos invita a escuchar no solo las palabras, sino también lo que nuestro propio organismo intenta decirnos sobre la realidad que nos rodea.

 

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