El desarrollo del intelecto humano ha sido, durante décadas, uno de los mayores campos de estudio para la ciencia y la psicología. Factores como la genética, la alimentación y el entorno socioeconómico han sido señalados tradicionalmente como los pilares que definen las capacidades cognitivas de una persona.
Sin embargo, nuevas perspectivas analizan variables mucho más sutiles que ocurren incluso antes de que un niño tome su primer libro. Entre estos factores, el momento del año en el que una persona llega al mundo ha comenzado a ganar relevancia en el debate educativo actual.
No se trata de astrología ni de fuerzas místicas, sino de una observación estadística y pedagógica sobre cómo el calendario escolar impacta en el crecimiento de los más pequeños.
Diversas investigaciones sugieren que existe una relación entre los meses de nacimiento y el desempeño en pruebas de coeficiente intelectual, abriendo un interrogante sobre si el sistema educativo está diseñado para favorecer a ciertos grupos por encima de otros debido a su madurez biológica.
¿Por qué los meses posteriores al corte escolar marcan la diferencia?
El fenómeno central detrás de estas conclusiones es lo que los expertos denominan el "efecto de edad relativa". En la mayoría de los sistemas educativos, la inscripción a las escuelas se rige por una fecha de corte específica.
Aquellos niños que nacen en los meses inmediatamente posteriores a ese límite suelen ser los más grandes de su clase. Por ejemplo, en ciclos que inician en marzo, un niño nacido en abril le lleva casi un año de ventaja en desarrollo físico y mental a un compañero nacido en febrero del año siguiente.
Esta brecha de casi doce meses es crucial durante la infancia temprana. Los niños "mayores" del grupo suelen presentar una maduración neurológica más avanzada, lo que se traduce en una mayor capacidad de atención, mejor memoria de trabajo y un control más sólido de sus impulsos.
Al enfrentarse a las primeras evaluaciones de rendimiento, estos alumnos tienden a obtener puntajes más altos, no necesariamente por una capacidad innata superior, sino porque su cerebro ha tenido más tiempo para desarrollarse.
A pesar de estos datos, los especialistas advierten que esta ventaja no es determinante de por vida. Si bien el mes de nacimiento puede ofrecer un "impulso inicial" en los primeros años de escolaridad, factores como la estimulación en el hogar y la calidad de la enseñanza son mucho más decisivos a largo plazo.
La clave, según los investigadores, reside en que el sistema educativo reconozca estas diferencias para evitar etiquetas tempranas y permitir que todos los estudiantes alcancen su máximo potencial, sin importar el día en que celebran su cumpleaños.
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