¿Quién no les tema a las palabras células cancerígenas? La mayoría de las personas al escuchar estas palabras juntas pueden sentir un sinfín de emociones, pues se relacionan directamente con la muerte.
Según datos de la Organización Mundial de la salud (OMS) el cáncer es una de las principales causas de muerte en todo el mundo y fue responsable de casi 10 millones de muertes en 2020, o casi una de cada 6 muertes.
Además, datos compartimos indican que, alrededor de un tercio de las muertes por cáncer se deben al consumo de alcohol, la falta de actividad física y la baja ingesta de frutas y verduras, entre otras.
Es decir, la dieta según investigaciones, tiene un impacto sobre el riesgo de desarrollar varios tipos de cánceres.
¿Puede la dieta reducir las células cancerígenas?
“Una posible estrategia para contrarrestar la creciente propagación de diversas formas de cáncer es la adopción de estrategias de prevención, en particular, el uso de estilos de vida saludables, como mantener un peso saludable, seguir una dieta saludable, mantenerse físicamente activo, evitar el tabaquismo, el consumo de alcohol y la exposición al sol, y la suplementación con vitamina D”, comparten expertos del National Library of Medicine.
Es decir, una manera de reducir las células cancerígenas es adoptando un estilo de vida saludable, cambiando, por ejemplo, los hábitos de alimentación.
Habla la ciencia
Existen evidencias científicas que los cambios en la dieta pueden ayudar a reducir de manera significativa el crecimiento de las células cancerosas, refiere un estudio de investigadores del Centro Oncológico Integral Jonsson de UCLA Health, en Estados Unidos, refiere InfoSalus.
Dicho estudio señala que una dieta baja en ácidos grasos omega-6 y alta en ácidos grasos omega-3, combinada con suplementos de aceite de pescado, redujo significativamente la tasa de crecimiento de las células de cáncer de próstata en hombres con enfermedad en etapa temprana.
Por tanto, los investigadores apuntan que los cambios en la dieta pueden ayudar a retrasar el crecimiento del cáncer, incluso prevenir la necesidad de tratamientos agresivos.
Además, según nutricionistas y oncólogos, la dieta puede apuntar directamente al metabolismo del cáncer, al privar al tumor de los nutrientes que necesita, o afectar aquellos elementos que facilitan el desarrollo de la enfermedad como el estrés oxidativo o la inmunidad del paciente. Es decir, los alimentos pueden favorecer el crecimiento de las células cancerígenas o evitar su desarrollo al fortalecer el sistema inmunológico de la persona.
Estos hallazgos, nos llevan a concluir que es esencial realizar cambios en los hábitos alimenticios y para ello se debe comenzar por reducir el consumo de carnes rojas y carnes procesadas, evitar el consumo de alimentos salados y procesados con sal, embutidos, entre otros.
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