El mundo del tenis profesional se encuentra conmocionado tras lo ocurrido este miércoles en el torneo W35 de Nairobi, Kenia. En apenas 37 minutos, la alemana Lorena Schaedel (1.026 del ranking WTA) venció a la egipcia Hajar Abdelkader con un contundente doble 6-0, en un partido que rápidamente se viralizó por el nivel amateur —e incluso principiante— de la jugadora derrotada.
Abdelkader, de 21 años, mostró una incapacidad absoluta para ejecutar golpes básicos o cumplir con el reglamento en una cita oficial del ITF World Tennis Tour. Las estadísticas del encuentro reflejan la magnitud del "bochorno": la egipcia cometió 20 dobles faltas, tuvo apenas un 8% de efectividad con su primer servicio y ganó solamente tres puntos en todo el partido, dos de los cuales fueron errores no forzados de su oponente.
Un debut bajo la lupa de la integridad
La polémica escaló al conocerse que Abdelkader accedió al torneo mediante una "wild card" (invitación especial). Testigos y especialistas señalaron que la jugadora no sabía de qué lado de la pista debía sacar ni cómo lanzar la pelota al aire correctamente. Medios internacionales y figuras del tenis, como el histórico entrenador Brad Gilbert, calificaron las imágenes de "impactantes" y "vergonzosas", cuestionando cómo una jugadora sin registro profesional pudo ingresar a un cuadro principal.
Expertos como Randy Walker, director de torneos juveniles en EE. UU., han exigido sanciones severas para los organizadores de Nairobi por lo que consideran una falta de respeto a la integridad del deporte. Walker sugirió incluso que la Agencia Internacional para la Integridad del Tenis (ITIA) debería investigar el caso, insinuando que este tipo de situaciones irregulares suelen estar vinculadas al oscuro mundo de las apuestas deportivas en torneos de categorías menores.
La explicación técnica del torneo
Ante la presión mediática, fuentes cercanas a la organización indicaron que la invitación se otorgó de manera improvisada y en el último minuto. Según trascendió, una jugadora keniana que debía ocupar ese lugar decidió a última hora participar en la fase de clasificación, dejando un espacio vacío en el cuadro principal que fue cubierto por Abdelkader, quien también había solicitado la invitación.
Sin embargo, esta justificación no ha frenado el debate sobre la responsabilidad de la ITF en la supervisión de sus torneos. El certamen, que reparte 30.000 dólares en premios y puntos para el ranking mundial, ha quedado marcado por una actuación que muchos consideran el debut más extraño y cuestionable en la historia reciente del tenis femenino.
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