El Hospital Universitario Vall d'Hebron en Barcelona, España ha conmocionado al mundo científico al presentar a Carme, la paciente receptora del primer trasplante facial cuya planificación fue posible gracias a la voluntad de una donante que se acogió a la Ley de Eutanasia.
Este procedimiento no sólo marca un avance técnico sin precedentes, sino que abre un nuevo capítulo en la ética de la donación de órganos, permitiendo una precisión tridimensional nunca antes vista.
Historia de Carme
La historia de la receptora es tan trágica como esperanzadora
En julio de 2024, una picadura de insecto en Canarias derivó en una infección masiva (sepsis) que casi le cuesta la vida.
La necrosis (muerte de tejido) "devoró" media cara de Carme, afectando su boca, lengua, músculos faciales y su capacidad para respirar y comer.
A cuatro meses y medio de la operación, Carme ya tiene sensibilidad total, puede comer, beber y ha recuperado su vida social. "El doctor Barret es mi ángel de la guarda", declaró emocionada en rueda de prensa.
Por primera vez en la historia de los 54 trasplantes de cara realizados en el mundo, la donación fue planificada con antelación:
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Una paciente del hospital con una enfermedad genética degenerativa solicitó la eutanasia.
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Antes de morir, expresó su deseo explícito de donar su rostro para ayudar a otra persona.
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Esto permitió a los médicos realizar TACs simultáneos y modelos 3D con guías de corte exactas, reduciendo los riesgos de incompatibilidad física.
El equipo de más de 100 profesionales de diversas áreas (psiquiatría, cirugía plástica, inmunología), utilizó herramientas que sitúan al hospital de Barcelona a la vanguardia global:
La intervención quirúrgica osciló entre 15 y 24 horas.
Es el trasplante de cara número 54 en el mundo y el sexto en España.
Para proteger la dignidad de la donante, el hospital utilizó una máscara de silicona personalizada para reconstruir el rostro de la persona fallecida tras la extracción, permitiendo que su cuerpo fuera entregado a la familia de forma íntegra y respetuosa.
La paciente continúa en un proceso intensivo de rehabilitación logopédica y fisioterapéutica para perfeccionar el habla y la mímica facial. Aunque debe tomar medicación inmunosupresora de por vida, su evolución clínica es calificada por los médicos como "perfecta".
Solo unos 20 centros en todo el mundo tienen la capacidad técnica para realizar un trasplante de esta magnitud, que incluye piel, músculos, nervios e incluso estructuras óseas completas.