La imagen tradicional del gamer suele asociarse con largas horas de inactividad frente a una pantalla. Sin embargo, una nueva generación de experiencias —impulsada por la innovación en el diseño y la tecnología— está transformando el juego en una herramienta clave para promover el movimiento, la cooperación y los hábitos saludables en niños y adolescentes.
El auge de los "Exergames": Jugar con el cuerpo
Los llamados videojuegos activos o exergames integran el movimiento físico como parte esencial de la mecánica lúdica. Desde el hito que marcaron consolas como la Wii y dispositivos como Kinect, el entretenimiento familiar ha evolucionado hacia un modelo donde el usuario debe saltar, bailar o simular deportes para progresar.
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Impacto en la movilidad: Fenómenos como Pokémon Go demostraron que el juego puede combatir la inactividad. Un estudio liderado por Tim Althoff documentó un incremento promedio de 1.400 pasos diarios entre nuevos jugadores.
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Entrenamiento en casa: Títulos como Ring Fit Adventure o Fitness Boxing están diseñados específicamente para sesiones de alta intensidad.
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Gasto energético: Según un meta-análisis de Peng, Lin y Crouse (2011), los exergames elevan el gasto de energía a niveles comparables con el ejercicio ligero o moderado.
Bienestar emocional y conexión familiar
Más allá del beneficio físico, el informe Power of Play destaca el valor social de esta tecnología:
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El 62% de los jugadores afirma que los videojuegos ayudan a combatir el aislamiento.
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El 53% de los padres percibe una mejora en el vínculo afectivo con sus hijos al compartir sesiones de juego.
El equilibrio necesario: Recomendaciones de expertos
A pesar de sus beneficios, la Asociación Española de Pediatría (AEP) es clara: los videojuegos activos son un complemento y no sustituyen al deporte tradicional. La energía quemada en el salón no reemplaza la socialización y el esfuerzo de la práctica deportiva al aire libre.
Para un uso responsable, los expertos sugieren:
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Límites de tiempo: Máximo una hora diaria (con pausas cada 30 minutos) y no superar las 4 horas semanales.
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Selección de contenido: Evitar títulos violentos o inapropiados, que pueden derivar en problemas de atención o sedentarismo.
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Supervisión parental: Estar atentos a signos de uso compulsivo, como el abandono de otras actividades (lectura, deporte o higiene) en favor de la consola.
Con información de Infobae
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