Tras conocerse su sentencia a cadena perpetua en Nueva York a través dell comunicado oficial emitido por el fiscal Jay Clayton, emergen los detalles de cómo Carlos Orense Azócar logró consolidar, durante más de 15 años, una de las redes de narcotráfico más eficientes y protegidas de la región.
No se trataba solo de un traficante, sino de un "arquitecto logístico" que convirtió el occidente de Venezuela en un puente libre para el tráfico trasnacional.
El control del territorio y las rutas
De acuerdo a los reportes judiciales del Departamento de Justicia de EEUU, la red de Orense operaba bajo un esquema de "peaje y resguardo". Según los testimonios presentados en la corte de Manhattan, la organización controlaba estratégicamente fincas en el estado Zulia y Falcón, que funcionaban como centros de acopio temporal. Desde allí, la droga era despachada mediante dos vías principales:
Puentes aéreos: uso de pistas clandestinas para aeronaves pequeñas que volaban hacia Centroamérica.
Salidas marítimas: coordinación con embarcaciones rápidas (go-fast) que zarpaban desde las costas venezolanas hacia aguas internacionales.
El Cártel de los soles
El éxito de la red no habría sido posible sin lo que la fiscalía denominó una "simbiosis corrupta". Orense Azócar funcionaba como el enlace civil con altos mandos militares venezolanos. Esta conexión permitía que los cargamentos de cocaína fueran escoltados por efectivos uniformados, evitando alcabalas y utilizando puertos estatales para ocultar la droga en contenedores de exportación legítima.
Tecnología y armamento
Para blindar sus operaciones, Orense no escatimó en recursos. La red contaba con equipos de comunicación satelital encriptada para evadir el rastreo de agencias internacionales. Además, la seguridad de las rutas estaba garantizada por un ejército privado equipado con armamento de guerra, encargado de custodiar los laboratorios en la frontera y asegurar que cada cargamento llegara a su destino sin contratiempos de bandas rivales.
El fin de la impunidad en Italia
La fachada de empresario legítimo que Orense Azócar mantuvo en Europa se desmoronó gracias a la cooperación internacional. Agentes que lideraron su captura en Italia en 2021 explicaron que, incluso desde el extranjero, Orense seguía operando mediante sistemas de comunicación satelital encriptada. Su extradición en 2022 marcó el inicio del fin para un hombre que se creía fuera del alcance de la justicia estadounidense.
Con la caída de Orense Azócar, se cierra un capítulo clave en la estructura de transporte del narcotráfico venezolano, revelando una maquinaria que, según el Departamento de Justicia, fue responsable de inundar el mercado estadounidense con más de 450.000 kilogramos de cocaína.
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